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Debate.
Se planteó
la pregunta ¿Cómo modificar las conductas desde esas
construcciones?
Las intervenciones mostraron las dificultades que tenemos
las mujeres para modificar el medio, influir con los deseos
en el ámbito inmediato sin correr el riesgo de ser tomada
como un varón.
Apareció la
creencia sobre las prácticas sexuales en los prostíbulos,
creados para los hombres, como una necesidad de la biología
masculina, desde un asistente varón con oposición de algunas
asistentes mujeres a esa teoría.
Mujeres
jóvenes testimoniaron sobre los obstáculos que tienen en
acceder a las libertades de expresarse que tienen los
varones en el ámbito público.
En la vida
privada, entre hermano y hermana, el control que hacen los
varones de las mujeres.
Las
expectativas de servidumbre que aun tienen de la madre en el
hogar, los hijos y los esposos de sus esposas. Mujeres que
salen a trabajar y vuelven a seguir con la tarea doméstica
en su casa.
Apareció la
inquietud sobre las pocas propuestas que tienen las chicas,
nenas y adolescentes en los clubes.
También se
habló de la emergente necesidad desde hace unos años de
sacar a los varones de la calle, como un contrasentido, pues
la cultura estimula en exceso a que salgan al afuera, lo que
no parece ser muy eficaz para su desarrollo, y luego hay que
crear dispositivos para reparar los daños del afuera:
hábitos de todo tipo de abusos.
Lo que
sucede en menor medida en las chicas, niñas y adolescentes.
Se vio que
los problemas de ellas son los embarazos en edad precoz y
fuera de planificación.
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